Hoy se cumple un mes desde la partida de Octavio, y su ausencia aún pesa con fuerza entre sus seres queridos.
Familiares, amigos y vecinos se han unido en este día para recordarlo con amor, entre lágrimas, anécdotas y gestos que reflejan el impacto que tuvo en cada vida que tocó.

Su risa, su calidez y esa presencia que llenaba cualquier espacio siguen vivos en la memoria de todos.
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La casa donde vivió sigue guardando sus ecos: los rincones donde solía sentarse, su taza favorita, los discos que tanto disfrutaba.

Nada ha sido igual desde que se fue. Las fotos en las paredes y los objetos personales se han convertido en pequeños altares de nostalgia, donde cada quien deposita un pensamiento, una oración o una lágrima silenciosa.
Hoy se han compartido velas, canciones y palabras en su honor.

Pero entre todos los homenajes, uno conmovió especialmente: el testimonio de su viuda. Con voz entrecortada y el corazón aún en duelo, compartió:
“A veces lo escucho reír por la casa y me doy la vuelta esperando encontrarlo. Pero no está. Su risa está grabada en mis huesos, y el dolor también.
Lo extraño con cada respiración. Me dejaste físicamente, pero sigues viviendo en mí. Te amaré hasta el último día de mi vida.”
Un relato que resume el dolor de perder a quien fue más que una pareja: su compañero de alma.

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