La madrugada del 8 de abril de 2025, Santo Domingo, República Dominicana, quedó marcada por una tragedia devastadora en el Jet Set, un emblemático club nocturno. Durante la presentación del reconocido merenguero Rubby Pérez, el techo del local se desplomó inesperadamente, dejando un saldo de al menos 113 fallecidos, entre ellos el propio cantante. Lo que comenzó como una velada llena de música y entusiasmo se transformó en una escena de caos y desesperación, mientras los equipos de emergencia trabajaban sin éxito para rescatar al artista, sepultado bajo los restos del edificio.
Zulinka, la hija menor de Pérez, relató entre lágrimas cómo su padre se convirtió en su salvador. Esa noche, ella debía subir al escenario principal para interpretar “De color de rosas”, un tema que los asistentes reclamaban a gritos. Sin embargo, tras una reciente operación, Zulinka confesó sentirse incapaz y le suplicó ayuda. “Papi, no puedo cantar bien, ayúdame”, le dijo. Él, con calma, respondió:
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“Quédate en tu micrófono, yo paso al mío”. Minutos después, el colapso ocurrió, y Pérez quedó atrapado en el lugar que ella ocuparía. “Si yo hubiera estado ahí, no estaría viva”, aseguró la joven, visiblemente afectada. El relato de Zulinka también incluyó el acto heroico de su esposo, uno de los coristas de Pérez. Cuando la estructura cedió, él se arrojó sobre ella para protegerla, gritando:
“Sal tú, que nuestro hijo no se quede solo”. Gracias a ambos, Zulinka sobrevivió a la catástrofe que enlutó a la isla. La pérdida de Rubby Pérez, un ícono del merengue, no solo dejó un vacío en la música dominicana, sino que resaltó su legado como padre y héroe en un día que pasó de la fiesta al dolor eterno.
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