Irma Dorantes, cuyo nombre real es Irma Aguirre Martínez, nació el 21 de diciembre de 1934 en Mérida, Yucatán.
Desde pequeña, mostró una inclinación por el arte, especialmente en el canto y la actuación. Su madre, Graciela Martínez, una mujer decidida, vio en su hija un talento natural y se dedicó a fomentar sus habilidades, alentándola a participar en concursos y eventos que la ayudarían a destacar. Con tan solo 4 años, Irma hizo su primera aparición pública en un concurso de radio, donde impresionó al público con su voz y carisma. Este evento fue solo el inicio de una carrera que la llevaría a convertirse en una figura icónica en la industria del entretenimiento mexicano.

A medida que fue creciendo, su talento no pasó desapercibido, y pronto fue invitada a participar como extra en diversas producciones cinematográficas. Sin embargo, su verdadero despegue llegó cuando ingresó al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), donde recibió formación formal en artes escénicas. Esta institución, en ese momento, era una de las pocas en México que ofrecía una educación integral para jóvenes con talento, y fue allí donde Irma comenzó a desarrollar plenamente sus habilidades tanto en la actuación como en el canto. Aunque su educación fue intermitente debido a sus compromisos en el cine, cada papel que interpretaba le permitía consolidarse como una de las jóvenes promesas del cine mexicano.

La vida de Irma cambió para siempre cuando conoció a Pedro Infante, uno de los actores y cantantes más populares de México, cuyo carisma y talento lo convirtieron en un ídolo de masas. La primera vez que se cruzaron fue durante el rodaje de Los tres huastecos, donde Irma, a sus 14 años, tuvo un pequeño papel. En ese momento, su relación era únicamente profesional, pero con el tiempo, los caminos de ambos se volvieron a encontrar y surgió una conexión especial. En su libro Así fue nuestro amor, Irma relata cómo Pedro la trató con respeto y amabilidad desde el primer momento, ganándose su admiración y afecto.

En 1953, a pesar de las controversias por la diferencia de edad y los problemas legales de Pedro, se casaron en una ceremonia sencilla en Mérida, Yucatán. Su boda fue un evento discreto, pero para sus seguidores, simbolizó el amor entre dos grandes figuras del entretenimiento mexicano. Su relación fue intensa pero corta, y juntos tuvieron tres hijos. Durante esos años compartieron momentos de amor y felicidad, pero también enfrentaron la complejidad de la vida pública y los conflictos legales, ya que Pedro seguía casado legalmente con María Luisa León, su primera esposa. Este problema se convirtió en un obstáculo insalvable, y en 1957, días antes de la trágica muerte de Pedro en un accidente aéreo, la Suprema Corte de México anuló su matrimonio con Irma, un evento que marcó profundamente a la actriz.
El 15 de abril de 1957, la vida de Irma cambió de forma devastadora cuando Pedro perdió la vida en un accidente de avión en Mérida. La noticia conmocionó al país entero, y para Irma fue un golpe casi imposible de superar. En sus memorias, describe con detalle el doloroso momento en que se enteró de la tragedia y cómo el mundo que compartía con Pedro se desmoronó de repente. Desde entonces, Irma ha trabajado incansablemente para preservar la imagen de su amado Pedro, defendiendo su legado y enfrentando cualquier representación que considere inadecuada o que no haga justicia a la memoria del hombre que tanto significó para ella.

Tras la muerte de Pedro, Irma encontró en el trabajo una forma de seguir adelante. Su carrera en el cine y la televisión continuó con éxito, y participó en diversas producciones como Pobres millonarios, El gran premio, y en telenovelas de renombre como Teresa junto a Salma Hayek, así como en Senda de gloria y La pasión de Isabela. Cada proyecto le permitió construir su propia trayectoria en el mundo del entretenimiento, consolidándose como una actriz de talento y versatilidad. Además, Irma desarrolló una gran pasión por los deportes ecuestres, actividad en la que se destacó durante 14 años después de la muerte de Pedro, lo cual le permitió forjar una identidad distinta y establecerse como una mujer independiente y fuerte.
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A lo largo de su vida, Irma ha mantenido una relación cercana y amorosa con sus hijos y nietos, y sigue viviendo en Cuernavaca, Morelos, donde ha encontrado paz y estabilidad. En varias entrevistas recientes, ha compartido anécdotas sobre su vida con Pedro y ha recordado sus momentos juntos con cariño y nostalgia. A sus 89 años, Irma Dorantes continúa siendo una figura respetada y admirada en México, no solo por su talento, sino también por su integridad y dedicación para preservar la memoria de Pedro Infante.

La influencia de Irma en la cultura mexicana va más allá de su carrera en el entretenimiento. Su lucha por proteger el legado de Pedro y su dedicación a mantener viva su memoria han sido un testamento de su amor y respeto hacia él. En su libro Así fue nuestro amor, revela detalles íntimos de su vida juntos, ofreciendo una perspectiva única sobre el hombre detrás de la leyenda y permitiendo al público conocer un lado más humano de Pedro Infante.
En entrevistas recientes, Irma ha expresado su descontento con representaciones de Pedro que considera inapropiadas, como la interpretación de Omar Chaparro en Como caído del cielo, o en la serie biográfica sobre Silvia Pinal producida por Televisa, en la que se insinúa una relación romántica entre Pinal e Infante. Para Irma, estas versiones no reflejan la verdadera esencia de Pedro y considera que es fundamental mantener la autenticidad en la forma en que se representa su legado.
Irma Dorantes ha sido una incansable defensora de la memoria de Pedro Infante, y su dedicación a preservar su imagen demuestra el amor duradero que siente por él. A pesar de los obstáculos y desafíos que ha enfrentado, Irma sigue siendo un símbolo de fortaleza y devoción, y su vida es un recordatorio de la capacidad del ser humano para superar la adversidad y mantenerse fiel a sus valores y convicciones. A sus 89 años, Irma continúa compartiendo su historia y la de Pedro con las nuevas generaciones, asegurando que el legado del ídolo mexicano perdure en el tiempo.
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