Para algunos, hacer la cama cada mañana es una tarea básica que marca el inicio del día con orden y disciplina. Para otros, es una actividad prescindible, e incluso innecesaria. Sin embargo, lo que parece un simple hábito o la falta de él podría tener un significado más profundo relacionado con la personalidad, el estado emocional y los patrones psicológicos de una persona.

¿Desorden o comodidad?
Las personas que dejan su cama sin hacer constantemente suelen dividirse en dos grupos: quienes lo hacen por comodidad y quienes lo hacen por descuido o falta de interés. En el primer caso, algunos estudios han sugerido que no hacer la cama podría traer ciertos beneficios, como permitir que el colchón y las sábanas se ventilen mejor, evitando la acumulación de ácaros y humedad. Sin embargo, en el segundo caso, la falta de este hábito puede estar reflejando otros aspectos internos.
La psicología del orden y el desorden ha sido ampliamente estudiada. Según diversas investigaciones, el estado del entorno en el que una persona vive puede estar directamente relacionado con su estado mental. Un espacio desordenado puede ser reflejo de una mente caótica, mientras que un ambiente ordenado suele asociarse con mayor claridad y control sobre la vida cotidiana.
¿Qué revela sobre la personalidad?
Las personas que rara vez hacen su cama pueden tener diferentes motivaciones detrás de este comportamiento. En algunos casos, puede ser un signo de independencia y creatividad. Hay quienes consideran que no necesitan seguir normas establecidas y prefieren priorizar otras actividades antes que ocuparse de algo que consideran irrelevante. De hecho, algunos estudios han señalado que las personas más creativas e innovadoras tienden a ser menos estructuradas en sus hábitos diarios, lo que podría explicar por qué muchas personas con mentes inquietas no ven la necesidad de hacer la cama.
Por otro lado, dejar la cama sin hacer puede estar vinculado a falta de motivación, estrés o estados depresivos. Cuando una persona atraviesa momentos difíciles, las tareas más sencillas pueden volverse abrumadoras. La depresión, por ejemplo, se caracteriza por la falta de energía y el desinterés por el autocuidado y el orden en el entorno. En estos casos, una cama sin hacer podría ser un reflejo de un estado emocional que necesita atención.
La importancia de los pequeños hábitos
Aunque parezca insignificante, hacer la cama puede tener un impacto positivo en la forma en que una persona empieza su día. Estudios han demostrado que las pequeñas acciones pueden generar un efecto dominó en la productividad y el bienestar. Al completar una tarea simple como esta, se genera una sensación de logro que puede motivar a realizar otras actividades con mayor organización y disciplina.
El almirante estadounidense William H. McRaven, en su famoso discurso de 2014 en la Universidad de Texas, mencionó que hacer la cama todas las mañanas es un hábito que puede transformar la vida. Según él, este simple acto genera disciplina, orden y sensación de control, algo esencial para mantener una mentalidad enfocada y resiliente.
¿Debemos hacer la cama o no?
Al final, la decisión de hacer o no la cama es personal y depende de lo que funcione mejor para cada individuo. Sin embargo, si una cama sin hacer es solo una muestra de un estilo de vida relajado y creativo, no hay razón para preocuparse. En cambio, si este hábito va acompañado de desorganización general, estrés o apatía, podría ser un buen momento para reflexionar sobre lo que está ocurriendo a nivel emocional y mental.
Lo más importante es recordar que el entorno en el que vivimos puede influir en nuestro bienestar. A veces, algo tan simple como poner en orden nuestra habitación puede ser el primer paso para poner en orden nuestra mente.
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