La conductora abrió su corazón a Clarissa Molina y revivió una experiencia muy dificil. Alejandra Espinoza está feliz. Cada día tiene más claro qué quiere y qué no. Y todo lo ha aprendido a base de las lecciones que dejan las experiencias de vida. Durante una entrañable charla con su compañera Clarissa Molina, la conductora abrió su corazón de par en par y revisó momentos de su pasado, algunos más agradables y especiales que otros.
Pero como todos son importantes y suman al crecimiento, la feliz mamá de Matteo abordó uno de esos que dejaron huella, que hicieron daño y que, afortunadamente, ya superó. En más de una ocasión ha confesado que viajar a México para cumplir su sueño de protagonizar Corazón guerrero, le trajo problemas en lo personal. En el pódcast Claríssima reconoce que se alejó de Dios y que las largas horas en el set afectaron a su relación familiar.
De todo eso hubo algo que le rompió el corazoncito especialmente y, con los ojos empañados, así lo contó. “Empecé a tener unos pensamientos que nunca había tenido, creencias que nunca había pensado, una cosa muy rara”, comienza su testimonio. ¿Sabes lo que me dolía? Me dan ganas de llorar. Matteo siempre es bien mamitis, cuando de repente me hablaba y se equivocaba. Y en vez de decirme mamá, me decía ‘papá’.
Se me partía el corazón. O cuando veía que tenían bromas entre ellos y yo no era parte de ellas, ay no, muy feo”, recuerda de esa etapa en México en la que la familia se vio afectada. Además, por primera vez en su vida, no pudo acompañar a su hijo a la presentación en su escuela. Una tristeza en el corazón que no piensa permitir que se repita. Sus seres queridos están por encima de todo lo demás. Ellos son su verdadero sueño hecho realidad. Siempre lo supo, pero ahora, mucho más.
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